La Santidad recorrió tierra peruana

El hoy venerable Doroteo Hernández nos visitó en 1980

 

Nacido en la ciudad española de Soria-Matute, el 28 de marzo de 1901, el venerable padre Doroteo Hernández Vera transcurrió su vida en una familia muy religiosa y abnegada.Después de terminar sus estudios, que él mismo ayudó a solventar con su trabajo, fue ordenado sacerdote diocesano el 23 de marzo de 1926, a la joven e ilusionada edad de 25 años. Algún tiempo después, sería probado en su fe y fidelidad a la Iglesia…

 

Una injusta prisión

Todos sabemos que en plena Guerra Civil española, la Iglesia y sus buenos ministros fueron perseguidos
y martirizados. Uno de estos valientes fue el venerable padre Doroteo, quien de modo clandestino –y con la
identidad cambiada–, se las ingenió para celebrar la Misa a diversas comunidades de católicos. Por  ello, en abril de 1937 fue apresado, torturado y conducido a la prisión de Santander. Allí, junto a otros cinco detenidos, compartió una pequeña celda acondicionada en un pasillo, en la que tuvo que acomodarse dentro de un espacio de 4,25 metros de largo por 1,80 de ancho.
En una famosa carta que escribió desde su confinamiento, hace énfasis en la necesidad de enraizar la santidad «en la pureza e inocencia acrisolada del corazón, que edifica y atrae almas a Cristo». La cárcel–donde permaneció cuatro meses– le
arrancó palabras de coraje, en las que «no pedía compasión sino envidia», pues tal condición le permitía tener privaciones y vivir con una confianza plena en Dios.

 

 

Una cruzada de amor

Fuera ya de la prisión, en agosto del mismo año 1937, sacó fuerzas y, a modo de recuperación del tiempo perdido, ejerció con pasión el apostolado de visita a los reclusos, en especial a los condenados a muerte.
Retomó también el seguimiento pastoral y espiritual de un grupo de jóvenes españolas, a quienes invitaba a vivir una vida sencilla, donde la Eucaristía fuera el centro de su vida y la fuente de su amor; con María como madre, la oración asidua y en
comunidades «llenas de alegría contagiosa».
Todo esto lo llevó a que, el 8 de diciembre del año 1937, fundara el Instituto Secular«Cruzada Evangélica»,con el fin de hacer llegar el amor de Dios a los ambientes más difíciles y necesitados del anuncio del Evangelio.

Los frutos de la santidad

Fue así que este sacerdote, probado en el sufrimiento, la persecución y las privaciones, dejó un invalorable legado a la Iglesia, lo que le ha merecido ser proclamado por el papa Francisco como venerable, extendiendo así su culto un poco más y con el fin de tenerlo pronto en los altares.
La inspiración de este hombre santo se ha visto cristalizada con obras en el campo sanitario, educativo y social, especialmente
en Bolivia; a las que se suman la hoy República Democrática del Congo(antes Zaire) y nuestro país, el cual visitó para caminar por las calles y arenales de aquella Lima de 1980.
Su fin era encontrarse con las integrantes del Instituto, que desde el año 1979 habían llegado al Perú a trabajar en un colegio de Fe y Alegría en San Juan de Lurigancho, y a fundar un hogar para niñas necesitadas con el apoyo generoso de una buena alma.
Esta obra sigue cumpliendo su valiosa labor de promoción humana y de evangelización con el nombre de Santa Clara en el distrito de Pachacamac,ubicado al sur de Lima.
Quienes viajen a Madrid pueden visitar, en la ciudad de Coslada, la tumba del venerable padre Doroteo Hernández, fallecido
en 1991, ante el cual se puede orar por su pronta canonización e interceder a favor de nuevas vocaciones para el Instituto Secular que fundó.

 

 

José Antonio Varela Vidal
Periodista